Apple lleva años construyendo una arquitectura de producto casi perfecta: Neo como puerta de entrada, Air como opción equilibrada y Pro como modelo profesional. La estrategia funciona porque cada producto parece justificar el siguiente con un simple “por un poco más”. Pero llega un punto en que ese poco deja de ser poco. En Chile, pasar de un MacBook Neo de $799.990 a un Air de $1.499.990 implica pagar $700.000 adicionales; llegar al Pro supone otros $800.000. La tabla se ve ordenada, pero el dinero sigue siendo real.

Neo es una decisión inteligente. Permite a Apple recuperar usuarios de entrada y, al mismo tiempo, mantener más arriba los precios del Air y el Pro. El modelo intermedio parece razonable porque está entre dos extremos, pero el marketing sólo puede cambiar el contexto del precio, no su magnitud. Puede hacer que $1.499.990 parezca menos excesivo junto a un Pro de $2.299.990, pero no puede convertirlo automáticamente en una buena propuesta de valor.
Durante años, Apple justificó su sobreprecio con diferencias evidentes: el diseño del MacBook Air, el salto de Apple Silicon o el rendimiento de los primeros MacBook Pro con M1. El problema aparece cuando las mejoras se vuelven incrementales y la estructura premium permanece. Una buena UX puede explicar mejor las diferencias, ordenar la comparación y destacar el modelo recomendado, pero no puede fabricar valor cuando el usuario deja de percibirlo.
La verdadera pregunta ya no es si Apple puede cobrar esos precios. Claramente puede. La pregunta es cuánto tiempo podrá seguir alejando sus categorías antes de que el usuario deje de ver una progresión y empiece a ver solamente sobreprecio. Durante años, avanzar por el catálogo de Apple se sintió como progresar. Hoy, al mirar sus escalones, quizás empezamos a ver algo distinto: no progreso, sino precio.
Autor: Cristian Pizarro
Corrección de estilo: Deepseek
Imagen: Cristian Pizarro